viernes, 29 de mayo de 2026

Sobre definición y valor individual

 
 Feel Special (2024)
 
    Ninguna cantidad de propiedades puede definir a un individuo, porque proponer definición alguna no fija referentes concretos, sino solo clases abstractas.

    En lógica y en filosofía, 'definir' (intensionalmente) quiere decir enunciar las propiedades ‘esenciales’, i.e., suficientes y necesarias, que demarcan una clase. Si se enuncia alguna propiedad P que posea un individuo 
x0, eso no define a x0 sino a la clase de individuos x que cumplen esa propiedad P (en notación: {x / P(x)}). Puede que esa clase tenga a x0 como su único miembro ({x / P(x)} = {x0}); pero una clase con solo un miembro no es lo mismo que ese miembro (x0 ≠ {x0}).

    En general, un individuo ontológico es el referente de un término singular. Un término universal, o general, es el que refiere a más de una entidad (al menos dos) a la vez, e.g., 'volcán'. Todo término general refiere a alguna clase, que también pueden ser la clase vacía, si define cosas que no existen (e.g., 'unicornio'). En oposición, un término singular es el que refiere a una solo entidad, si refiere del todo; suelen ser nombres propios (e.g., ‘Popocatépetl’) o las llamadas ‘descripciones definidas’ (e.g., 'volcán activo más cercano a CDMX'). Por ello, individuar algo (simple o complejo, entidad o proceso), conlleva demostrar su existencia y unicidad; lo cual se logra mediante estrategias que muestren:
  • Su ‘concreción’, i.e., posición y finitud espacio-temporal.
  • Su 'continuidad' interna, dada por mecanismos de cohesión e integración entre sus partes (i.e., que éstas posean relaciones causales entre sí y participen como un todo en procesos). 
Lo importante a destacar aquí, es que lo que permite individuar al ser amado, o valorar a individuo alguno en tanto tal, no son sus propiedades, sino lo vivido y compartido juntos; i.e., su participación en un proceso concreto e irrepetible de relación interpersonal...

    Es como explica el zorro al principito: 'lo esencial' de su rosa, que la hace única en todo el universo y más valiosa para él que todas las demás rosas juntas, 'es invisible a los ojos'. Todos recuerdan esa frase; pero casi nadie recuerda la siguiente y más importante, donde dice exactamente qué es eso invisible y que da su valor individual a alguien. A saber, no es su 'corazón' ni nada 'interno', 'espiritual', ‘inefable’ o cosa parecida, sino algo bien claro y concreto: el tiempo perdido…

‘El tiempo que perdiste en tu rosa es lo que la hace tan importante.’

    Tanto o más que lo que se gana, es cuanto se pierde por alguien lo que lo hace importante y valioso para uno. Y de cuanto puede perderse, el tiempo es algo que jamás puede recuperarse. Lo más valioso es perder tiempo en alguien y que también lo pierda en uno: perder tiempo juntos, porque así se ha elegido.
 
  
Las rosas (2006)
 
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 EXTRA: sobre definición
 
Las nociones lógicas de necesidad y suficiencia provienen del funcionamiento de la implicación estricta (conectiva lógica: α → β):

α        →         β
suficiente    implicación   necesario
(para β)      estricta          (para α)

“α implica β”
Siempre que se cumpla α, se cumple β.

e.g. Está lloviendo → Hay nubes
Ser perro → Ser animal

- Si α es suficiente para β, tenemos:
α → β (α si β)

- Si α es necesaria para β, tenemos:
β → α (α solo si β)

- Si α es esencial (i.e., suficiente y necesaria) para para β, tenemos:
α ↔ β (α si y solo si β)

- La relación de implicación estricta define una relación de orden parcial, que en teoría de conjuntos se ve como una relación de inclusión: una clase dentro de otra (y entonces con aplicación clasificatoria).
 
α → β
A ⊆ B
 
A está incluido en B
(Todo elemento de A, es elemento de B)
Todo lo que es A, es B

- La relación de inclusión entre clases forma clasificaciones jerárquicas.
 
(Primavera 2025 / 2026) 

Sobre el origen del arte

Pergolero satinado (Ptilonorhynchus violaceus

    La historia, como la recuerdo, se basa en ideas que Deleuze expuso en 'Mil Mesetas'. Años después, traté de rastrearlas en el libro; pero no coinciden exactamente con lo que recordaba. En todo caso, la pregunta era sobre el origen del arte, lo cual requería alguna definición operacional del mismo. La propuesta de respuesta se basaba en que el arte no es un fenómeno exclusivamente humano, sino de animales territoriales, e.g., marcas y ritos de apareamiento de aves. El ejemplo clave que resonó conmigo es el siguiente.

    Hay cierta especie de ave (Ptilonorhynchus violaceusen la que, como es común, los machos poseen un plumaje vistoso para atraer a las hembras. En este caso, los machos son de color azul profundo y las hembras de colores pardos. En general, las hembras prefieren a los machos más azules; lo cual es parte normal del fenómeno de selección sexual: los machos compiten, las hembras eligen. Pero ocurre algo interesante: los machos construyen estructuras con varas, las cuales rodean con la mayor cantidad posible de objetos azules intensos e.g., papeles, plástico, pedazos de vidrio y llaman a las hembras a evaluarlos. 

    La idea clave es que el pájaro, en tanto autor, se 'apropia' de su obra, i.e., se atribuye sus propiedades en particular, su contenido azul. Así, el pájaro ha devenido un 'artista', toda vez que la obra de arte es la expresión, mediante algún medio físico, de las carencias físicas del autor, en aras de 'completarse' y volverse más atractivo sobre todo, sexualmente.

    Como mencioné, esa conclusión era mitad ideas de Deleuze y mitad interpretaciones 
o deformaciones mías. Lo más probable es que un estudio riguroso, tanto ornitológico como estético, revelaría fallos en la teoría. Pero la idea, al menos como fenomenología o 'etología' del artista, resonó conmigo. De niño, era feo y tartamudo; así que el dibujo, además de un juego y desahogo personal, era la manera en la que podía destacar positivamente entre otros. Al crecer, esa idea de valor propio a través del dibujo adquirió más fuerza; en general, era la manera de, sin ser bello yo mismo, 'embellecerme' en tanto alguien capaz de hacer cosas bellas...

    Eso era lo que quería, en realidad: que los dibujos fuesen un medio para atraer amor. Sin embargo, no funcionaba: los dibujos podían gustar, pero no por eso gustaba yo. Solo una vez, por fin, pareció funcionar; hasta que no...

    Entendí el error que había cometido, toda la vida, al creer en esa 'teoría' espuria del arte e intentar usarlo de ese modo. Comprendí que lo que hace a alguien querido o amado, no es que tenga ni mantenga cualquier cantidad de propiedades, atractivas o no en grado alguno, sino la historia causal que se genera y comparte con esa persona y que la hace, para uno, irrepetible e irremplazable.

    Podría argumentarse que lo deseable sería encontrar un sentido intrínseco de valor propio, independiente de las obras y de las valoraciones de otros. Puede encontrarse una gran cantidad de contenido al respecto, sobre 'amor propio' o temas similares. Para mí, al menos, eso no tiene sentido: el valor individual de una persona es irreduciblemente extrínseco, dado por sus obras y acciones. Sobre todo, en lo que hace por otros: en lo que uno está dispuesto a perder por alguien más, y que da también el valor, para uno, de esa persona —lo perdido por ella. Eso me parece más valioso que cualquier cantidad de propiedades, regalos o arte.

(Primavera 2025 / 2026)