viernes, 29 de mayo de 2026

Sobre el origen del arte

Pergolero satinado (Ptilonorhynchus violaceus

    La historia, como la recuerdo, se basa en ideas que Deleuze expuso en 'Mil Mesetas'. Años después, traté de rastrearlas en el libro; pero no coinciden exactamente con lo que recordaba. En todo caso, la pregunta era sobre el origen del arte, lo cual requería alguna definición operacional del mismo. La propuesta de respuesta se basaba en que el arte no es un fenómeno exclusivamente humano, sino de animales territoriales, e.g., marcas y ritos de apareamiento de aves. El ejemplo clave que resonó conmigo es el siguiente.

    Hay cierta especie de ave (Ptilonorhynchus violaceusen la que, como es común, los machos poseen un plumaje vistoso para atraer a las hembras. En este caso, los machos son de color azul profundo y las hembras de colores pardos. En general, las hembras prefieren a los machos más azules; lo cual es parte normal del fenómeno de selección sexual: los machos compiten, las hembras eligen. Pero ocurre algo interesante: los machos construyen estructuras con varas, las cuales rodean con la mayor cantidad posible de objetos azules intensos e.g., papeles, plástico, pedazos de vidrio y llaman a las hembras a evaluarlos. 

    La idea clave es que el pájaro, en tanto autor, se 'apropia' de su obra, i.e., se atribuye sus propiedades en particular, su contenido azul. Así, el pájaro ha devenido un 'artista', toda vez que la obra de arte es la expresión, mediante algún medio físico, de las carencias físicas del autor, en aras de 'completarse' y volverse más atractivo sobre todo, sexualmente.

    Como mencioné, esa conclusión era mitad ideas de Deleuze y mitad interpretaciones 
o deformaciones mías. Lo más probable es que un estudio riguroso, tanto ornitológico como estético, revelaría fallos en la teoría. Pero la idea, al menos como fenomenología o 'etología' del artista, resonó conmigo. De niño, era feo y tartamudo; así que el dibujo, además de un juego y desahogo personal, era la manera en la que podía destacar positivamente entre otros. Al crecer, esa idea de valor propio a través del dibujo adquirió más fuerza; en general, era la manera de, sin ser bello yo mismo, 'embellecerme' en tanto alguien capaz de hacer cosas bellas...

    Eso era lo que quería, en realidad: que los dibujos fuesen un medio para atraer amor. Sin embargo, no funcionaba: los dibujos podían gustar, pero no por eso gustaba yo. Solo una vez, por fin, pareció funcionar; hasta que no...

    Entendí el error que había cometido, toda la vida, al creer en esa 'teoría' espuria del arte e intentar usarlo de ese modo. Comprendí que lo que hace a alguien querido o amado, no es que tenga ni mantenga cualquier cantidad de propiedades, atractivas o no en grado alguno, sino la historia causal que se genera y comparte con esa persona y que la hace, para uno, irrepetible e irremplazable.

    Podría argumentarse que lo deseable sería encontrar un sentido intrínseco de valor propio, independiente de las obras y de las valoraciones de otros. Puede encontrarse una gran cantidad de contenido al respecto, sobre 'amor propio' o temas similares. Para mí, al menos, eso no tiene sentido: el valor individual de una persona es irreduciblemente extrínseco, dado por sus obras y acciones. Sobre todo, en lo que hace por otros: en lo que uno está dispuesto a perder por alguien más, y que da también el valor, para uno, de esa persona —lo perdido por ella. Eso me parece más valioso que cualquier cantidad de propiedades, regalos o arte.

(Primavera 2025 / 2026) 

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